Madonna con Cristo y San Juan Bautista

Autor
Origen
Donación Juan Benito Sosa 1877
Período
Alto Renacimiento s. XVI
Escuela
escuela veneciana
Técnica
Óleo
Objeto
Pintura
Estilo
renacentista
Género
pintura religiosa
Soporte
Tela
Medidas
103,5 x 83 cm
Acerca de Madonna con Cristo y San Juan Bautista niño 

 

Madonna es una de las últimas telas que Sosa adquirió antes de hacer su donación. La compró en noviembre de 1877 a Francisco Olivero, un rico cigarrero porteño. Atribuida primeramente a Giorgione, para 1928 ya estaba catalogada como una tela anónima perteneciente a la escuela veneciana. La pieza posee muchas de las características habituales del arte italiano del siglo XVI pese a no encontrarse similitudes importantes entre esta tela y las madonnas conocidas que pintó el artista. La obra responde a un popular motivo iconográfico que representa a la Virgen María con Cristo niño en brazos junto a su primo San Juan Bautista. Como indica la tradición iconográfica, el primero se dirige con un gesto de bendición, mientras que el segundo se apoya en un bastón cruciforme, sujetando con su brazo un cordero. A pesar del deterioro general de la tela, hay indicios de halos recorriendo los rostros de todos los personajes. El motivo, que suele encontrar a los personajes en un interior o prado, proviene de una tradición apócrifa según la cual, tras la huida de Egipto, la Sagrada Familia tuvo un primer encuentro con Il Giovannino, que vivía como un ermitaño en el desierto. Asimismo, la obra también tiene relación con la iconografía de la Virgen entronizada en el cielo acompañada por Cristo y San Juan niño, tema habitual desde principios del siglo XVI.

Este tipo de Madonna fue muy popular durante el Renacimiento, especialmente en Florencia, por el patronazgo de San Juan a la ciudad y, pese a su aparente solidez compositiva, tiene importantes variaciones. En la versión que compró Sosa aparecen los atributos más tradicionales del episodio asociados a referencias domésticas y místicas combinadas: los ademanes maternales en la Virgen, los profético-pastoriles en San Juan y los sacros en Cristo. Por otra parte, la complicidad de la mirada de María con el espectador, un recurso con el que los maestros del siglo XVI hacían gala de sus habilidades para la introspección psicológica, recuerda además las funciones rituales que este tipo de telas tuvieron desde la Edad Media en tanto íconos devocionales. El lazo que une las figuras de Cristo niño y su primo San Juan reproduce todo un juego de sutilezas iconográficas y místicas donde la cruz, el cordero y el gesto de bendición se entrelazan. San Juan será quien anuncie la llegada de Cristo y quien además lo bautice llegado el momento. Por ello, sus atributos resultan en una prefiguración de la pasión: la cruz que remata su bastón y el cordero que lo acompaña, una de las formas del Ecce Agnus Dei. Las alturas a las que aparecen los niños, además de indicar jerarquías, suponen la referencia a una de las frases más enigmáticas del Evangelio de San Juan: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan, 3: 30). Con influencia de la pintura de Leonardo, sobre todo en la descripción del espacio exterior concebido a partir de finas veladuras, y con variaciones manieristas en las proporciones de los personajes, especialmente notables en Cristo, Madonna es la obra que representa el final del Renacimiento en la Colección de Sosa.

 

                                                                                                  Federico Ruvituso

 

Extraído del primer Catálogo Razonado del Museo 

Referencias bibliográficas

  • Ferguson, G. (1956). Signos y Símbolos en el Arte Cristiano. Buenos Aires: Emecé.
  • Jameson, A. (1867). Legends of the Madonna, as represented in the Fine Arts. Londres: Longman, Green and co.
  • Sosa, B. (1889). Proyecto Nacional de Bellas Artes para la ciudad de Buenos Aires por Juan Benito Sosa presentado al Ministerio de Instrucción Pública en noviembre de 1886. Buenos Aires: Peuser.