Colección
Una taberna
Acerca de Una taberna
Las tablas de pintura flamenca que compró Sosa como obras del siglo XVII destacan por tratar los habituales temas de bodegones, tabernas y fiestas presentes en el arte holandés. Bajo títulos genéricos como Una taberna o Fiesta en una taberna, estas piezas proliferaron en las colecciones de arte argentinas de finales del siglo XIX. Escenas de interior donde varias figuras se reúnen alrededor de un tonel u hogar se produjeron en masa durante los siglos XVII y XVIII, época considerada la Edad de Oro de la pintura en los Países Bajos. La pequeña pieza que compró Sosa a Francisco Bravo como un original de Jan Miense Molenaer, uno de los máximos exponentes del género, representa una taberna con varios grupos de campesinos fumando pipas, brindando, tocando música y bebiendo a su alrededor. En su mayoría de estatura baja, los personajes levantan sus copas, cantan y apuestan mientras descansan despreocupadamente de sus quehaceres cotidianos al abrigo de la risa y el juego. La habitual luz cálida en estas pinturas, que parece emanar de un hipotético hogar fuera de la escena, inunda el recinto y armoniza con las luces del calmado anochecer que se ve en el fondo donde, gracias a una abertura, se distingue el exterior con un bosque y un molino a lo lejos. Utilizando una paleta marrón con unos pocos acentos de color y fuertes contrastes entre la luz y las sombras, las pinturas de taberna casi siempre reproducen un clima común. Este tipo de escenas proliferaron en el centro artístico de Haarlem durante el siglo XVII, ciudad donde los más grandes exponentes del género tenían sus talleres. Adriaen Brouwer, Adriaen e Isaak van Ostade y Cornelis Dusart, entre otros, se beneficiaron del gusto pictórico por contar la vida del hombre común popularizado por Brueghel en el siglo XVI y convirtieron las tabernas, fiestas y bailes en su especialidad. Lejos de la grandilocuencia italiana que exhibe el tema mitológico y el ciclo cristiano, las pinturas desenfadadas de los holandeses intentaron capturar la vida sencilla y rural de su tiempo. Se ha discutido la lectura histórica de estas piezas entre quienes piensan que se trata de una pintura moralizante y satírica y quienes defienden que es un género concebido como forma de pasatiempo o entretenimiento humorístico. También se debate si el consumo burgués de estas imágenes —como el que Sosa y sus contemporáneos practicaban— responde a una construcción de la otredad del hombre y la mujer de campo, el campesinado y las clases bajas. Para la historia del arte oficial, el género dejó de estar de moda en 1700, aun cuando las copias al estilo de van Ostade o Dusart continuaron produciéndose en Haarlem en cantidades industriales durante todo el siglo XVIII. Las copias firmadas por artistas reconocidos de la época de oro como Dusart o Jean Molenaer eran habituales en esos años, puesto que se vendían mejor como piezas de artistas de renombre que como tablas anónimas. En nuestro país, obras como Una taberna gozaron del aprecio del coleccionismo porteño de finales del siglo.
Federico Luis Ruvituso
Extraído del primer Catálogo Razonado del Museo
Referencias Bibliográficas
- Alpers, S. (2016). El arte de describir. El arte holandés en el siglo XVII. Buenos Aires: Ampersand.
- Bonenkamp, T. (2013). A peasant Quest. A search for identification, characterization, and contextualization of late seventeenth-century Dutch Peasant Genre Painting (1670-1700) [Tesis de doctorado]. Utrecht: Universidad de Utrecht.
- Museo Provincial de Bellas Artes (1944). III Memoria de la Comisión Provincial de Bellas Artes, tomo I, correspondiente a su actuación general en el período 1937-1942. La Plata: Comisión Provincial de Bellas Artes, Ministerio de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
- Pacheco, M. (2013). Coleccionismo de Arte en Argentina 1924-1942. Buenos Aires: El Ateneo.
