La Asunción de la Virgen

Autor
Origen
Donación Juan Benito Sosa 1877
Período
Manierismo x. XVIII
Escuela
Escuela italiana
Técnica
Óleo
Objeto
Pintura
Estilo
pintura manierista
Género
pintura religiosa
Soporte
Tela
Medidas
110 x 67 cm
Acerca de La Asunción de la Virgen

 

La Asunción de la Virgen, atribuida a Annibale Carracci, es una tela italiana con dimensiones de altar. La pintura representa en detalle un famoso motivo del ciclo apócrifo inspirado en el arrebato del profeta Elías y en la Ascensión de Cristo que rodea el misterio de la muerte de la Virgen, su asunción y posterior coronación en cuerpo y alma en el cielo. La obra cuenta dos episodios entrelazados. El primero se centra en la apertura del sarcófago de María en el Valle de Getsemaní —aquí decorado con grutescos imaginativamente antiguos— ante la duda de Tomás, y la sorpresa de los demás apóstoles que lo acompañan al encontrar dentro de la tumba rosas y lirios blancos en lugar del cuerpo de la Virgen. El segundo episodio hace partícipe al espectador en la visión de la Asunción. La pintura muestra a los apóstoles inmersos en una mezcla de desconcierto y éxtasis, indicado por la variación gestual de las manos y los rostros de aquellos que realizan el escrutinio de la tumba vacía mientras discuten lo sucedido y de los que contemplan absortos con ademanes de orantes el apócrifo milagro. La Asunción... posee muchas de las variantes iconográficas y formales que desde la Edad Media y hasta fines del Renacimiento configuraron la tradición visual de la famosa escena. Entre las más sutiles se destaca el detalle que aparece a la izquierda, donde uno de los evangelistas, sin perder de vista la revelación del ascenso, señala un libro cerca de una pluma de vidrio que se encuentra en el suelo. Sin tocar ninguno de los dos objetos, la ausencia del atributo en sus manos alude al misterio de la asunción como un suceso que no puede registrarse por escrito en el Evangelio, sino sólo experimentarse y contarse a través de la tradición oral.

Por su parte, la Virgen con su habitual manto azul y rodeada de querubines aparece en la parte superior del cuadro, clamando al cielo —quasi aurora consurgens— mientras una luz sagrada disipa las nubes que se abren para recibirla allí. La imagen responde a la iconografía de L’Assunta, que se caracteriza por presentar a la Virgen en el momento previo a su coronación. El paisaje, pieza clave en esta composición ascendente, aúna los dos registros para construir una escena emotiva que inicia con la sorpresa y termina con la revelación. Según Ana Jameson (1867), fue Filippo Lippi, a mediados del siglo XVI, quien eliminó la mandorla tradicional y dotó al tema de la asunción de un realismo inusitado, construyendo un relato de acción progresiva. Una historia mística diferente a la secuencia medieval en la que los personajes están absortos en la escena narrada, tal como aparecen en la pintura que adquirió Sosa. El tema atrajo la atención de artistas y mecenas italianos y posee gran cantidad de variantes. Por otro lado, la tradicional frontalidad y factura de la pieza, entre otros detalles, la colocan muy lejos de la escorzada versión de Caracci que se conserva en el Museo del Prado. En ese sentido, la obra de Sosa se trata más probablemente de una pieza manierista de escuela que, sin embargo, integra ya sin tensión muchas de las conquistas estéticas de los siglos XVI y XVII: la cita antigua en el sarcófago y los hábitos clásicos de los apóstoles, el colorismo de los venecianos, la perspectiva, el paisaje abierto y único sin compartimentaciones  y la gestualidad dramática, entre otras. De este modo, La Asunción de la Virgen supone una adquisición de utilidad para una colección que se imaginaba con fines pedagógicos, ya que a través del escrutinio de la pieza es posible advertir algunos de los elementos que consagraron la pintura religiosa durante el Renacimiento y el Manierismo.

 

Federico Ruvituso

 

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Bibliografía

  • Ferguson, G. (1956). Signos y Símbolos en el Arte Cristiano. Buenos Aires, Argentina: Emecé.

  • Jameson, A. (1867). Legends of the Madonna, as represented in the Fine Arts. Londres: Longman, Green and co.